¿Qué es el TEA?
El TEA (Trastorno del Espectro Autista) es una neurodivergencia que puede interferir en como una persona percibe, entiende, comprende y se relaciona con el mundo. No se trata de una enfermedad, es una condición. Se trata de una forma distinta de entender, ver y procesar el mundo, los sucesos que pasan en la sociedad, las personas y las interacciones con las mismas con sus propios desafíos y también con grandes fortalezas.
Las personas que se encuentran dentro del espectro autista pueden experimentar dificultades en la comunicación social y en la flexibilidad de pensamiento o conducta, lo que puede hacer que ciertos cambios o imprevistos resulten difíciles de gestionar. La necesidad de rutinas y entornos predecibles les ayuda a sentirse más seguros y tranquilos.
Algunas de las personas que se encuentran dentro del espectro autista pueden tener un alto sentido de la justicia lo que puede resultar agotador y muy abrumante en determinados momentos ya que conectan y tienen un mayor grado de consciencia de las injusticias que ocurren en la sociedad y el impacto que tienen las mismas. A su vez esto también puede resultar ser una fortaleza por tener una mayor conciencia de las injusticias que suceden a su alrededor.

A nivel sensorial, muchas personas dentro del espectro son hipersensibles o hiposensibles a determinados estímulos: luces intensas, ruidos fuertes, olores, texturas de tejidos o alimentos, entre otros. Esto puede generar sobrecarga sensorial, una experiencia abrumadora que puede desembocar en crisis conocidas como meltdowns (explosiones externas de ansiedad o frustración) o shutdowns (bloqueos internos o retraimiento).
En el plano emocional, algunas personas que se encuentran dentro del espectro del autismo pueden tener dificultad para identificar o expresar sus propias emociones, mientras que otras sienten las emociones de forma muy intensa, mostrando gran empatía y sensibilidad hacia los demás, aunque a veces no sepan cómo expresarla de una manera convencional.
Las personas que se encuentran dentro del espectro autista pueden procesar y emplear el lenguaje (la comunicación) de una forma particular, que puede diferir de los códigos sociales más habituales. Esto puede generar malentendidos, especialmente cuando se emplean ironías, dobles sentidos, bromas o expresiones figuradas, ya que el lenguaje no literal puede resultar confuso o carecer de lógica desde su forma de entender el mundo.
Mientras muchas personas interpretan automáticamente el tono, las intenciones o los matices de las palabras dentro de una conversación convencional, quienes están dentro del espectro tienden a comprender el lenguaje de manera más literal y directa. Por eso, suelen preferir poder mantener una comunicación clara, concreta y sincera, que les permita entender de forma clara lo que se quiere decir, sin ambigüedades.
También es importante recordar que no todas las personas con TEA se comunican de la misma forma. Algunas utilizan el lenguaje oral, otras prefieren/necesitan apoyos visuales, pictogramas, dispositivos de comunicación aumentativa o incluso la escritura como medio principal de expresión. Y hay personas que, por sus características, no utilizan el lenguaje verbal, pero aun así comunican, expresando emociones, necesidades e intenciones a través de gestos, miradas o comportamientos. En algunos casos les supone una dificultad la comunicación ya sea por el lenguaje verbal tradicional como por otros elementos más visuales.
Las necesidades de apoyo pueden ser muy diferentes entre una persona y otra, y pueden variar a lo largo de la vida o según el contexto. Algunas personas pueden requerir acompañamiento puntual en situaciones sociales o cambios de rutina, mientras que otras pueden necesitar apoyos más continuos para la comunicación o las actividades diarias.
Cada persona dentro del espectro tiene su propia manera de comunicarse, sentir y conectar con el mundo, y todas ellas merecen ser escuchadas y comprendidas desde la empatía y la aceptación.
